Quién entra en tu red, quién toca lo que publicas, qué escribes y cómo lo escribes.
Todo se calcula en tu navegador, y lo que se guarda en la nube va cifrado con tu contraseña:
ni nosotros podemos leerlo.
Lo primero, porque es lo único que puede impedírtelo
Solo funciona si puedes generar el token de LinkedIn, y eso solo se puede hacer desde
el Espacio Económico Europeo o desde Suiza. Es un derecho del DMA europeo, y en el resto
del mundo LinkedIn no lo da. Al crear tu cuenta, la app te guía paso a paso para conseguirlo.
Qué vas a ver
Tu panel: cuatro cifras con su tendencia y una frase por dibujo —quién te responde, cuándo, qué te funciona, de dónde vienen tus contactos, qué relaciones se enfrían—.
Audiencia y Contenido: cada persona que te ha respondido y cada post con lo que recibió.
Red y Conversaciones: de qué está hecha tu red, y lo que espera tu respuesta.
Así te ve LinkedIn: la clasificación que LinkedIn hace de ti para los anuncios. El cajón que menos gente ha mirado de su propia cuenta.
Y diez tarjetas compartibles, dibujadas con tu dato real:
Cómo escriboMi último añoEl mapa del añoMi redAsí me ve LinkedInQué me funcionaMi mejor postAntes y despuésPalabra del añoA qué hora
La regla de la casa: una tarjeta sin datos suficientes no se ofrece. Dice qué falta, y no inventa un número con tu nombre debajo.
Dónde están tus datos
En tu navegador. La app entera se ejecuta en él: lee tus datos de LinkedIn, los guarda y hace las cuentas ahí.
Y una copia cifrada, para que no se pierdan. Se cifra en tu navegador con una clave que sale de tu contraseña, antes de subirla. Guardamos bytes que no podemos leer.
Sin email ni teléfono. Un nombre de usuario y una contraseña. Si la olvidas, entras con la clave de recuperación que te damos al crear la cuenta.
Borrar es un botón. Tus datos, o tu cuenta entera, desde Ajustes, al instante.
No hay impresiones, alcance ni views. La API de portabilidad no las da.
No hay followers —ni su crecimiento— en los datos que LinkedIn entrega por ese derecho.
Hay retrasos. Tu bandeja llega con unas 30 horas de desfase y parte del contenido con unas 174: son tus datos de ayer, completos, no en tiempo real.
Las tarjetas son solo texto, sin fotos —ni propias ni de otros—.
Lo que nunca hace
No invita, no escribe mensajes y no comenta por ti. Solo lee.
Solo publica una cosa: tu tarjeta, cuando pulsas «Publicar». Después de ver la vista previa y editar el texto, y con un permiso aparte que conectas tú y puedes quitar.
No automatiza ningún navegador. Todo sale de la API oficial que LinkedIn está obligado a ofrecer por el DMA.
No escribe con IA. Lo que publiques lo escribes tú.
Cómo se entra
De momento es privada: se entra con una invitación. Si tienes un código, crea tu cuenta y la app te acompaña hasta tu primer panel.